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Por qué no Creo en la Teoría de la Evolución
Por Marcos A. Torres
LA Teoría que afirma que la vida surgió espontáneamente
hace miles de millones de años en los mares inimaginablemente
antiguos de una tierra primigenia es una de las creencias más
aceptadas del mundo contemporáneo. La teoría incluye
la convicción de que, después de su surgimiento, la
vida, en la multifacética variedad de sus formas se fue organizando
poco a poco, de manera muy lenta, pasando progresivamente de las
formas más simples a las más avanzadas y complejas.
En un pasado muy remoto, afirma la teoría evolucionista,
los átomos se unieron a otros átomos para formar moléculas,
y más tarde células, tejidos, órganos, sistemas
y finalmente organismos o seres vivos. Todo esto sucedió,
afirma la teoría, sin que ninguna inteligencia planeara o
dirigiera ese proceso de desarrollo.
No creo en la teoría evolucionista porque va directamente
en contra de una de las leyes fundamentales de la vida y de la ciencia:
la biogénesis. El término consta de dos partes: "bio"
(vida) y "génesis" (origen, principio). Por lo
tanto, la biogénesis tiene que ver con el origen o principio
de la vida.
La ley de la biogénesis declara que solo la vida engendra
vida y que la vida engendrada es de la misma especie del progenitor.
No se necesita ser científico para entenderla, pero tanto
el científico como la persona común pueden verla en
acción y percibir su efecto. Todos sabemos y observamos que
los gatos engendran gatitos; los perros, perritos; las vacas, becerros;
y las gallinas, pollitos. La biogénesis es una de las leyes
más observables de la naturaleza, y se halla entre las más
ampliamente verificadas y utilizadas, principalmente, en las ciencias
biológicas.
Por el contrario, el evolucionismo enseña que las especies
actuales evolucionaron a partir de otras totalmente diferentes.
A diferencia del evolucionismo, la biogénesis sostiene que
la vida no puede surgir de la materia inerte. Puede ser generada
solamente por seres vivos.
¿Qué es la vida? No es fácil
definirla. La vida no es una "cosa" que pueda tocarse
sino un estado que, por fortuna, puede ser descrito a partir de
su funcionamiento tal como se manifiesta en los seres vivos (aunque
los seres vivos no son la vida sino tan solo la poseen). Hay ciertas
características que tienen los seres vivos y que los diferencia
de las cosas inanimadas. Los seres vivos están hechos de
células, su unidad fundamental. Necesitan energía,
responden a estímulos, a su medio ambiente y se adaptan a
él; tienen movimiento autónomo, crecen, se desarrollan,
y se reproducen engendrando organismos similares. Las cosas inanimadas
carecen de estas características por las cuales se reconoce
la vida.1
Importancia. La historia nos muestra que el problema
del origen de la vida ha atraído la atención de la
humanidad desde tiempos muy remotos. No existe ningún sistema
filosófico o religioso, ni un solo pensador de talla que
no haya dedicado atención a este tema. En cada época
y durante cada una de las distintas fases del desarrollo de las
culturas se han propuesto diversas alternativas para explicar cómo
surgió la vida. Sin embargo, "en todos los casos [el
tema] ha constituido el centro de una lucha acerba entre dos teorías:
El evolucionismo y el creacionismo".2
El estudio de la biogénesis es muy importante puesto que
tiene que ver con el origen de todos los seres vivientes de nuestro
planeta. Sin embargo, esa importancia cobra dimensiones muchísimo
mayores cuando reconocemos que el tema está directamente
relacionado con el origen de los primeros individuos de la especie
humana, de quienes descendemos todos los demás seres humanos
por generación biológica.
La vida es compleja. Los biólogos reconocen
que "a un nivel microscópico, todos los seres vivientes
tienen la misma estructura básica: la célula".3
Algunos organismos están compuestos por una sola célula
(unicelulares), y otros se componen de muchas células (pluricelulares).
"La célula es la unidad biológica fundamental,
indivisible, anatómica y fisiológicamente; es allí
donde la vida aparece".4 Hug Ross ha conformado una lista de
cincuenta leyes y parámetros científicos sin los cuales
la vida no podría existir.5 De manera que las probabilidades
de que la vida surgiera por sí misma o se organizara por
sí sola son realmente nulas.
La teoría de la evolución fue formulada sobre la suposición
de que la vida está construida sobre niveles que van de lo
simple a lo complejo. Es decir que las primeras formas de vida fueron
muy sencillas y que los niveles de mayor complejidad fueron apareciendo
mucho después, según continuaron los procesos evolutivos.
Es por ello que se supone que las formas de vida celular eran sencillas
y que los seres más complejos surgieron nada más que
como combinaciones de estas sencillas células.
Desde la invención del microscopio electrónico, sin
embargo, en la década de 1950 y del microscopio óptico
años después, ha sido posible observar el interior
de la célula y realizar observaciones sorprendentes. Se ha
visto entonces que esta suposición, que es fundamental para
sostener la teoría de la evolución, es errónea.
Una sola célula contiene tantos datos como las letras individuales
en la biblioteca más grande del mundo: alrededor de tres
billones de bits de información, a tal punto que hoy nos
vemos abrumados por la magnificencia e intrincada complejidad de
la célula. A nivel microbiológico, la vida es increíblemente
compleja (6) como para que surgiera por sí misma, sin ninguna
planificación y sin la intervención de una mente inteligente.
Las maravillas que descubre y estudia la ciencia concuerdan con
la afirmación de las Escrituras, que afirman que hemos sido
creados de manera asombrosa. Y de acuerdo con el principio de la
biogénesis, significa que hemos sido creados por un Dios
personal, quien es en sí mismo la Fuente de la vida, pues
solo la vida puede engendrar vida.
Así lo describió el salmista David:
"Tú formaste mis entrañas; me hiciste en el vientre
de mi madre. Te alabaré, porque formidables y maravillosas
son tus obras; estoy maravillado y mi alma lo sabe muy bien"
(Salmo 139: 13, 14).
Por eso no puedo creer en la teoría de la evolución.
Referencias
1. James Atto y Alben Towle, Biología Modema (México:
McGraw-Hílllnteramericana, 1989), p. 19.
2. "Biogénesís," Enciclopedia Microsoft
Encarta 2006, 1993-2006 Microsoft Corporation.
3. Peter Alexander y otros, Biología (Englewood Cliffs, Nueva
Jersey: Prentíce Hall, 1992), p. 16. 5. José DeLille,
Biología General (México: E.C.L.A.L., 1976), p. 38.
4. Estos incluyen: la fuerza nuclear constante, la constante de
fuerza electromagnética, la polaridad de las moléculas
del agua, la proporción entre protones y electrones, la velocidad
de la luz, la proporción entre el oxígeno y el nitrógeno
en la atmósfera, etc. j. P. Moreland, ed., The Creation Hypothesis:
Scientific Evidence for an lntelligent Designa (Downers Grove, lllinois:
InterVarsity Press, 1994), pp. 160-168.
5. David T Moore, Five Lies of the Century (Saint Louis: Tyndale,
1995), p. 110.
6. David T. Moore, Five lies of the Century (Saint Louis: Tyndale,
1995), p 110.
El doctor Marco T. Terreros es catedrático de Teología
en la Universidad de Linda Vista, Chiapas, México.
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