- ¿Quieres oír un chiste que Arturo me contó cuando veníamos del colegio? - preguntó Tony.
Su mamá sonrió mientras se levantó y caminó unos cuantos metros al banco de piedra.
- Ven, siéntate conmigo – lo invitó la mamá -. Oigamos el chiste. Seguro que es muy bueno.
Tony se sentó y comenzó a contarlo. Éste era una burla a los holandeses. La mamá se rió con el cuento tonto.
Luego dijo:
- Tengo una sorpresa para ti, Tony: tus bisabuelos eran de Holanda. Así que cuando te burlas de los holandeses, indirectamente te estás burlando de ti.
Tony abrió la boca sorprendido.
- Reírse de uno es una cosa – continuó la mamá -, pero reírse de otros es algo delicado. Debes tener mucho cuidado de no repetir cuentos que se burlan de otras nacionalidades, razas, defectos o características.
- ¿Crees que se molestarían? – preguntó Tony.
- Bueno, a muchas personas no les afecta – respondió la mamá -, pero otros pueden sentirse heridos. Así es que a menos que sepas que un cuento o chiste no va a herir los sentimientos de otros, es mejor no decirlo. Recuerda siempre que las personas son diferentes porque Dios las ha creado así.
Ella señaló la maceta de flores.
- Ellas tienen colores diferentes – dijo él -. A mí me gustan así.
- A mí también – agregó la mamá-. Dios no hizo todas las flores del mismo color, y Él no le dio a toda la gente el mismo color de piel o cabello. A Dios le gusta la variedad, y a nosotros debe gustarnos también.
“Hijo, espero que seas una persona que aprecia a todo aquel que Dios creó”