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¡Pobre del perro!

Por Rosilene Batista Bullón


“Guau, guau, guau, guau, guau…” eso era lo que yo oía  todas las noches antes de dormir cuando me cambie de casa para el condominio en que vivo ahora. Me envolvía con la almohada, me iba a dormir temprano antes de empezar el concierto canino, hasta compre tapa-oídos, pero finalmente me di por vencida y decidí olvidar. Nunca reclame para nadie, cambie de opinión y seguí con mi vida.  Los meses fueron pasando y no me di cuenta en qué momento los ladridos dejaron de incomodarme.

Para quien vive, ya vivió, o paso la noche en la casa de alguien que vive en un edificio sabe cuán difícil es vivir en un condominio. Pared con pared con el vecino que vive al lado, tu techo es el piso del vecino que vive arriba, tu piso es el techo del vecino que vive abajo…rodeado de personas que piensan y actúan de forma diferente que tu. ¿Quién nunca ya quiso que su vecino se cambiara para bien lejos de  su casa, que levante la mano? En fin, un completo desorden en muchos lugares. Peleas, discusiones, amenazas, hacen parte del contexto de la vida de esa populación que cada día aumenta.

En ese ensenarlo  entra la figura del administrador de condominios. Esta es una actividad que nunca quería realizar. Me parece que los administradores de condominios  no deberían solo dejar de pagar la tasa, deberían también  recibir un sueldo alto por escuchar las reclamaciones. Puedes estar pensando que en su trabajo solo escucha reclamos y que tu administrador no tiene nada a reclamar. ¿Será que nunca recibió un elogio por el trabajo que hace? ¿Será que no hay nada bueno en su trabajo que puedas recordar? Continúo pensando que la profesión de él es la peor.

Bueno, la vida del administrador de condominios es miserable. Cuando comunican que  habrá “reunión de condominio”, es mejor viajar en ese día, porque muchas veces hay que llamar a la policía para intervenir. Es una gritería generalizada, unos hablando más alto que los otros, dedos indicadores  apuntando y acusando unos a otros, solo quien está allí sabe lo que es. Un día nuestro ex - administrador  que es un buen hombre, estaba comunicando que dejaba la función, alguien le dijo: ¿Tú haces un excelente trabajo? Y él le respondió: Estoy cansado, son muchas reclamaciones  e la mayoría que aprecia mi trabajo no va a las reuniones  para m e apoyar. Qué pena, solo nos resto quedar tristes con su salida.

Administrador nuevo. Me parece que no le gusta el “guau, guau, guau”. Mi vecino perrito está con los días contados y el tiene que descubrir que para ser feliz en este edificio hay que ser…mudo. En las ciudades ya no escuchamos  sapos, chicharras, grillos. ¿Para qué preocuparse con el pobre perrito? Solo hay lugar para el sonido estridente de las sirenas, motos y carros que pasan con tanta velocidad. ¿Por qué nadie reclama de esos sonidos que llegaron con la modernidad? Tengo la vívida  impresión que  el asunto para la próxima reunión será: el perro.

Cierto día en el Hall de entrada del edificio encontré una señora muy seria. Con mucho miedo pase y le dije buenos días, pero, yo no esperaba  respuesta. De repente la señora me mira y pregunta: ¿Cuál es el número de tu departamento? 207 le respondí casi temblando. Ella continúo: ¿No es posible que nunca nadie tenga reclamado de ese perro? ¿Solo yo y el administrador? ¿El perro no te incomoda?... Queridos, respire hondo… en ese momento Dios coloco las palabras en mi boca. No me preguntes como, más tengo la seguridad que El colocó.  Le dije: “Señora, vivo en este condominio hace dos años y cuando llegué  el perro me incomodaba, conseguí llevar ese asunto a mi manera sin reclamar para nadie. El tiempo fue pasand o y cambie de opinión, empecé a agradecer a Dios por que a pesar del ruido, ese perro me hace recordar que estoy viva y  cuando los años pasen podre no estar escuchando muy bien  y pueda hasta perder la audición. En esa hora voy a recordar los ruidos que me irritaban y voy a pedir a Dios para escucharlos por lo menos una última vez. Un día feliz para la Señora” Salí casi corriendo con miedo de la Señora me pegar.

Esa situación me hizo reflexionar. Existe un libro en la Biblia lleno de consejos para la vida practica. Proverbios. Rico en versos y perfecto en cada palabra. Dios inspiró el escritor al escribir cada trecho. Me hace feliz el que tengamos acceso a esa joya.  En ella encuentro un versículo que dice:”Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada: Mas la lengua de los sabios es medicina”. (Proverbios 12:18)

No tengo las más mínima idea de lo que te irrita. No sé si hoy estas con ganas de mandar alguien para muy lejos. No sé si usaste palabras para condenar a alguien. No sé si tus palabras son como golpes de espada. No sé si tu eres de aquellas personas que les gusta colocar “leña en la hoguera”. Nunca escuchaste ningún ladrido, pero, se están reclamando ¿tu das tu contribución?. O al contrario, cuando las personas te miran saben que de ti saldrán palabras sabias. Anímate, cambia. Pídele a Dios para poder mirar más allá de lo que te irrita. Que consigas ver el lado bueno de las situaciones que te afligen, Y si alguien te pide tu opinión, derrama agua suave y no fuego incandescente. Cambia y tus noches van a mejorar. Sobre el perro, continua en el mismo lugar con la garganta funcionando 100%, creo que hasta le tengo aprecio. Sobr e la Señora, estoy huyendo de ella hasta hoy.

Rosilene Batista Bullón, estudiante de Enfermería, graduanda de 2009, realiza sus prácticas en el Hospital Santa Helena en Brasilia, DF. Casada con Rubén Bullón, madre de la princesa Julia. Para contacto escribir  para: rosilene@ministeriobullon.com

 

 
 
 
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