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Venid a mí

Por Alejandro Bullón

Buenos Aires despierta perezosa esta mañana, metida en unas niebla espesa. Me levanto y bajo al restaurante del hotel a desayunar. En mi mesa tengo un par de medialunas y una taza de chocolate con leche. A mi lado, en la otra mesa, una pareja discute acerca de una relación hecha pedazos. No les importan los demás. En el clímax de la discusión, el hombre golpea la mesa con violencia, se levanta y vocifera: "Estoy cansado de esta vida miserable. No quiero verte más. Me voy".

Y se va. Quién sabe a dónde. Toma la Avenida 9 de Julio y desaparece. La señora lo sigue en lágrimas. Subo a mi cuarto. Mi ventana da al Obelisco. Me quedo un rato observando aquella joya arquitectónica, símbolo de esta ciudad cosmopolita. Después, recordando el triste incidente del desayuno, empiezo a escribir. "Estoy cansado de esta vida miserable", dijo aquel hombre, antes de partir.Todos los días hay gente que despierta cansada. No es cansancio físico. Ojalá lo fuera. Para ese tipo de cansancio hay remedio. Pero, ¿qué haces con el cansancio del alma? ¿A dónde vas cuando las sesiones de psicoanálisis no resuelven tu problema, ni los somníferos logran que duermas? El cansancio de vivir lleva al ser humano a la inercia emocional. Ama sin amar. Camina sin observar. No disfruta las cosas bellas que la vida ofrece. Simplemente sigue el rumbo de la existencia, sin alegría.

Más de los siglos atrás, el Señor Jesucristo dijo: "Venid a mí todos los que estáis cansados". Esta es una invitación a los que están cansados de vivir las agruras cotidianas, a los que luchan y no alcanzan, a los derrotados, a los que cayeron en la rutina agobiante de trabajar sin motivación.

Nadie jamás vino a Jesús y se fue frustrado. Él es el agua de vida que calma la sed del alma, el pan que satisface el hambre del espíritu. Millones lo han buscado y han recibido el bálsamo de la paz que inunda el corazón del peregrino.

Hoy puede ser tu día de encuentro con Jesús. Es muy simple: Solo tienes que abrirle el corazón y decirle que no puedes. Acepta tus limitaciones humanas y confía en su poder divino. ¿Por qué continuar luchando solo y acabar frustrado? Ve a Jesús. Sus brazos están abiertos en forma de cruz. Deja que su bálsamo cure tus heridas y que su gracia redentora te inspire a abrir las alas para volar.

Por Alejandro Bullón
 
 
 
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