Por Alejandro Bullón
Pero gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio
de nuestro Señor Jesucristo. 1 Corintios 15:57.
“Pastor”, decía la carta, “no sé durante cuánto
tiempo más conseguiré vencer en la lucha que enfrento
desde hace varios años. No logro encontrar una señorita
que me guste, porque me siento atraído por los jóvenes.
¿Qué hago?”.
Evidentemente, por el tenor de la carta, este joven nunca había
cedido a la tentación. Pero lo que lo inquietaba, al
punto de causarle temor, era la pregunta: “¿Por cuánto
tiempo más conseguiré vencer en la lucha?”.
Vivimos en tiempos peligrosos, en los cuales se intenta justificar
el pecado a viva voz, en todas sus formas.
Sin embargo, el versículo de hoy muestra la salida para
cualquier problema de tendencias que el ser humano carga desde
que nace. Unos de una manera, otros de otra. Y el grito del
corazón humano es: “¿Hasta cuándo tendré
que luchar contra mis tendencias?”.
El apóstol Pablo, en los versículos anteriores
al texto que escogimos para hoy, habla del fin de la lucha cuando
finalmente “esto corruptible se haya vestido de incorrupción,
y esto mortal se haya vestido de inmortalidad” (ver el vers.
53). El apóstol está describiendo la glorificación
de nuestra naturaleza: la erradicación completa y definitiva
de la presencia del pecado en la experiencia humana.
Pero, mientras ese día no llega, Pablo, por experiencia
propia, presenta una promesa: “Gracias sean dadas a Dios, que
nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”.
Nadie tiene derecho a ser derrotado por las tendencias, porque
Cristo preparó un medio para alcanzar la victoria. Él
venció el pecado. Enfrentó las tentaciones aferrándose
al poder del Padre, y nos mostró el camino de la victoria;
su victoria es nuestra victoria hoy. Su victoria cubre la multitud
de nuestros pecados pasados, y en el presente desea vivir sus
grandes obras de victoria por la presencia del Espíritu
Santo en nuestra vida.
Gracias a Dios porque, aunque no haya llegado todavía
el día de la glorificación, la victoria de Cristo
no es apenas una promesa, sino una realidad en la vida de quienes
procuran mantener diariamente una experiencia de amor con Cristo.
Estás delante de un nuevo día. En este día
habrá tentaciones como en todos los demás, pero
ya eres victorioso si con fe echas mano del poder de Jesús.
Autor: Alejandro Bullón.