Por Elena G. de White
El hogar como fundamento de la sociedad
La sociedad se compone de familias, y será lo que la hagan
las cabezas de familia. Del corazón "mana la vida";
y el hogar es el corazón de la sociedad, de la iglesia
y de la nación.
La elevación o la decadencia futura de la sociedad será
determinada por los modales y la moralidad de la juventud que
se va criando en derredor nuestro. Según se hayan educado
los jóvenes y en la medida en que su carácter fue
amoldado en la infancia por hábitos virtuosos, de dominio
propio y temperancia, será su influencia sobre la sociedad.
Si se los deja sin instrucción ni control, y como resultado
llegan a ser tercos, intemperantes en sus apetitos y pasiones,
así será su influencia futura en lo que se refiere
a amoldar la sociedad. Las compañías que frecuentan
los jóvenes ahora, los hábitos que adquieran y los
principios que adopten indican cuál será el estado
de la sociedad durante los años venideros.
El más dulce de los cielos
El hogar debe ser hecho todo lo que la palabra implica. Debe ser
un pequeño cielo en la tierra, un lugar donde los afectos
son cultivados en vez de ser estudiosamente reprimidos. Nuestra
felicidad depende de que se cultive así el amor, la simpatía
y la verdadera cortesía mutua.
Los padres crean en extenso grado la atmósfera que reina
en el círculo del hogar, y donde hay desacuerdo entre el
padre y la madre, los niños participan del mismo espíritu.
Impregnad la atmósfera de vuestro hogar con la fragancia
de un espíritu tierno y servicial. Si os habéis
convertido en extraños y no habéis sido cristianos
de acuerdo con la Biblia, convertíos; porque el carácter
que adquiráis durante el tiempo de gracia será el
carácter que tendréis cuando venga Cristo. Si queréis
ser santos en el cielo, debéis ser santos primero en la
tierra. Los rasgos de carácter que cultivéis en
la vida no serán cambiados por la muerte ni por la resurrección.
Saldréis de la tumba con la misma disposición que
manifestasteis en vuestro hogar y en la sociedad. Jesús
no cambia nuestro carácter al venir. La obra de transformación
debe hacerse ahora. Nuestra vida diaria determina nuestro destino.
Importancia de las reglas
Todo hogar cristiano debe tener reglas; y los padres deben, por
sus palabras y su conducta el uno hacia el otro, dar a los hijos
un ejemplo vivo y precioso de lo que desean verlos llegar a ser.
Debe manifestarse pureza en la conversación y debe practicarse
constantemente la verdadera cortesía cristiana. Enseñemos
a los niños y jóvenes a respetarse a sí mismos,
a ser fieles a Dios y a los buenos principios; enseñémosles
a respetar y obedecer la ley de Dios.
Estos principios regirán entonces su vida y los pondrán
en práctica en sus relaciones con los demás. Crearán
una atmósfera pura, que ejerza una influencia tendiente
a alentar a las almas débiles en la senda hacia arriba
que conduce a la santidad y al cielo. Sea cada lección
de un carácter elevador y ennoblecedor, y las anotaciones
hechas en los libros de los cielos serán tales que no nos
avergonzaremos de ellas en el juicio.
Los niños que reciban esta clase de instrucción
estarán preparados para ocupar puestos de responsabilidad
y, mediante el precepto y el ejemplo, estarán constantemente
ayudando a otros a hacer lo recto. Aquellos cuyas sensibilidades
morales no hayan sido embotadas apreciarán los buenos principios;
estimarán correctamente sus dotes naturales y darán
el mayor uso posible a sus facultades físicas, mentales
y morales. Esas almas se ven grandemente fortalecidas contra la
tentación; están rodeadas de una muralla que no
se derribará fácilmente.
Sea el hogar alegre y feliz
Podrán sobrevenir dificultades, pero éstas constituyen
la suerte que le toca a toda la humanidad. Resplandezcan la paciencia,
la gratitud y el amor en el corazón, por nublado que esté
el día.
El hogar puede ser sencillo, pero puede ser siempre un lugar donde
se pronuncien palabras alentadoras y se realicen acciones bondadosas,
donde la cortesía y el amor sean huéspedes permanentes.
Administrad las reglas del hogar con sabiduría y amor,
no con vara de hierro. Los niños responderán con
obediencia voluntaria a la ley del amor. Elogiad a vuestros hijos
siempre que podáis. Haced que sus vidas sean tan felices
como fuere posible. Mantened blando el terreno del corazón
por la manifestación del amor y del afecto, preparándolo
así para la semilla de la verdad. Recordad que el Señor
da a la tierra no solamente nubes y lluvia, sino el hermoso y
sonriente sol, que hace germinar la semilla y hace aparecer las
flores. Recordad que los niños necesitan no solamente reproches
y corrección, sino estímulo y encomio, el agradable
sol de las palabras bondadosas.
La presencia de Cristo
El hogar hermoseado por el amor, la simpatía y la ternura
es un lugar que los ángeles visitan con agrado, y donde
se glorifica a Dios. La influencia de un hogar cristiano cuidadosamente
custodiado en los años de la infancia y la juventud, es
la salvaguardia más segura contra las corrupciones del
mundo. En la atmósfera de un hogar tal, los niños
aprenderán a amar a sus padres terrenales y a su Padre
celestial.
La santidad para con Dios debe compenetrar el hogar. Los padres
y los hijos deben educarse para cooperar con Dios. Deben poner
sus hábitos y sus prácticas en armonía con
los planes de Dios.
Las relaciones familiares deben ejercer una influencia santificadora.
Los hogares cristianos, establecidos y dirigidos de acuerdo con
el plan de Dios, contribuyen en forma admirable a la formación
de un carácter cristiano. Los padres y los hijos deben
ofrecer juntos un servicio amante al Único que puede mantener
puro y noble el amor humano.