Se necesitan hogares atractivos
Aunque incumben a los padres responsabilidades pesadas con
respecto a velar cuidadosamente por la felicidad y los intereses
futuros de sus hijos, también les incumbe el deber de
hacer el hogar tan atractivo como sea posible. Esto tiene consecuencias
mucho mayores que la adquisición de bienes y de dinero.
El hogar no debe carecer de alegría. El sentimiento familiar
debe conservarse vivo en el corazón de los hijos, para
que puedan recordar el hogar de su infancia como lugar de paz
y felicidad muy próximo al cielo. En tal caso, cuando
lleguen a la madurez procurarán a su vez ser un consuelo
y una bendición para sus padres.
El hogar debe ser para los niños el sitio más
agradable del mundo, y la presencia de la madre en él
debe ser su mayor atractivo. Los niños son por naturaleza
sensibles y amantes. Es fácil contentarlos o hacerlos
infelices. Por medio de suave disciplina, palabras y actos cariñosos,
las madres pueden conquistar el corazón de sus hijos.
Limpieza, aseo, orden
La limpieza, el aseo y el orden son indispensables para la
administración apropiada de la familia. Pero cuando la
madre considera esas virtudes como deberes de la máxima
importancia en su vida y para consagrarse a ellos descuida el
desarrollo físico, mental y moral de sus hijos, comete
un triste error.
Aunque debemos precavernos contra la ostentación y los
adornos innecesarios, en ningún caso debemos ser descuidados
e indiferentes con respecto a la apariencia exterior. Cuanto
se refiere a nuestra persona y nuestro hogar debe ser aseado
y atractivo. Se debe enseñar a los jóvenes cuán
importante es presentar una apariencia irreprochable, que honre
a Dios y la verdad.
Desagrada a Dios ver en cualquier persona desorden, negligencia
y falta de esmero. Estas deficiencias son males graves y tienden
a privar a la esposa de los afectos del esposo cuando éste
aprecia el orden y el tener hijos bien disciplinados y una casa
bien regenteada. Una esposa y madre no puede hacer feliz y agradable
su hogar a menos que se deleite en el orden, conserve su dignidad
y ejerza un buen gobierno. Por lo tanto, toda mujer deficiente
en estas cosas debe comenzar en seguida a educarse al respecto
y cultivar precisamente las cualidades de las cuales más
carezca.
Las tareas cotidianas
Todo el trabajo necesario que hagamos, sea lavar los platos,
poner la mesa, atender a los enfermos, cocinar o lavar, es de
importancia moral. Las tareas humildes que se nos presentan
deben ser hechas por alguien; y los que las cumplen deben sentir
que están haciendo un trabajo necesario y honorable,
y que al cumplir su misión, por humilde que sea, realizan
la obra de Dios tan ciertamente como Gabriel cuando era enviado
a los profetas.
Por Elena de White