Por Alejandro Bullón
Mírame, y ten misericordia de mí, porque
estoy solo y afligido. Sal. 25:16
No es fácil ser líder. Hubo un tiempo en que
la mejor definición de líder era: "Aquel
que inspira y lleva a las personas a la acción, consiguiendo
de ellas el máximo de colaboración y el mínimo
de oposición". Hoy, la mejor definición podría
ser: "Líder es aquel contra el cual la mayoría
se opone". Vivimos en tiempos contestatarios. "Si
hay un líder, estoy en contra", parece ser el grito
universal de los pueblos.
David era el líder de Israel, y por serlo, pagó
el precio de la incomprensión y de la soledad. Dice:
"Estoy solo y afligido". Si tú nunca tuviste
que ejercer un cargo de liderazgo y nunca tuviste que tomar
decisiones difíciles que afectan a otras personas, tal
vez no puedas entender la "soledad" del líder.
Si tú eres líder y quieres ser leal a tu conciencia
y a los principios bíblicos, verás muchas veces
que los amigos, e incluso los miembros de tu familia, se colocarán
contra ti. Esto duele. El salmista conocía bien este
dolor, porque sus hijos, Absalón, Amón y Adonías
estaban contra él y, además, se les había
unido Ahitofel, que era uno de los mejores amigos del rey.
En esas horas de soledad y dolor, ¿a dónde va
el líder herido? No puede desanimarse ni palidecer. Él
es el líder. Todos pueden abandonar el barco, menos el
capitán. Todos pueden correr, huir, el líder no.
Pero, ¿no es un ser humano como los demás? ¿No
tiene sentimientos, corazón, sangre como los demás?
Sí, ¿pero a quién le -importa?
El versículo de hoy nos da a entender que hay alguien
a quien le importa y se preocupa. Por eso, la oración
del salmista, fue: "Mírame, y ten misericordia de
mí, porque estoy solo y afligido".
Aflicción, del verbo hebreo tsarah, significa dolor psicológico
y emocional. Aparece por primera vez con este significado cuando
los hermanos de José al reconocerlo, dijeron unos a otros:
"Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues
vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no lo escuchamos".
José fue un líder abandonado y rechazado. Como
David, como tantos otros y tal vez, como tú hoy, ante
las circunstancias difíciles que estás viviendo.
Pero Jesús está ahí a tu lado, dispuesto
a darte fuerzas para soportar las intrigas y las maledicencias
de la oposición. No temas. Solo di como el salmista:
"Mírame, y ten misericordia de mí, porque
estoy solo y afligido".
Autor: Alejandro Bullón.