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Protección
Mi amigo cuenta la historia de algo que sucedió mientras
su papá estaba cazando venados en los bosques de Obregón.
Con el rifle acunado en el hueco de sus brazos, su padre iba por
un antiguo camino de leñadores casi borrado por la exuberante
espesura. Caía la tarde y estaba pensando en regresar al
campamento cuando oyó un ruido en los arbustos cerca de él.
Antes de que tuviera oportunidad de levantar el rifle, un bultito
castaño y blanco corrió hacia él a toda velocidad.
Mi amigo se ríe cuando cuenta la historia.
"Todo sucedió tan rápido, que papá apenas
tuvo tiempo de pensar. Miro hacia abajo y allí estaba un
conejito castaño (en extremo agotado) acurrucado contra sus
piernas entre sus botas. La cosita temblaba como una hoja, pero
allí estaba sin moverse.
Esto era sumamente raro. Los conejos silvestres tienen miedo de
la gente, y ni siquiera es fácil llega a ver alguno... mucho
menos uno que venga y se siente en nuestros pies.
Mientras papá trataba de encontrarle explicación a
aquello, otro actor entro en la escena: Más abajo en el camino
una comadreja saltó al camino, cuando vio a mi padre (y a
la que consideraba su presa, sentada a sus pies) el predador quedo
congelado, el hocico jadeante, los ojos con un brillo rojo.
Entonces comprendió papá que había irrumpido
en medio de un pequeño drama de vida y muerte en el bosque.
El conejito, exhausto por la persecución, estaba a solo minutos
de la muerte. Papá era su última esperanza de refugio.
Olvidando su natural recelo y miedo, el animalito instintivamente
se había pegado a él buscando protección de
los afilados dientes de su implacable enemigo".
El padre de mi amigo no lo decepcionó: alzó su rifle,
apuntó y disparó al suelo justo debajo de la comadreja.
El animal pareció saltar casi recto al aire un par de pies
y entró disparado hacia el bosque de nuevo, a toda velocidad
que sus patas se lo permitían.
Durante un rato el conejito no se movió. Siguió echadito
allí, acurrucado entre los pies del hombre, en la tarde que
caía poco a poco, mientras él le hablaba suavemente.
¿A donde fue, chiquitín? No pienso que te molestará
por un tiempo. Parece que esta noche te has librado de la trampa.
Pronto el conejito se fue saltando, alejándose de su protector
para entrar en el bosque.
¿A donde corres, querido, en momentos de necesidad?
¿A donde corres cuando te persiguen predadores como los problemas,
las preocupaciones y los temores?
¿Dónde te escondes cuando tu pasado te persigue como
un lobo implacable, tratando de destruirte?
¿Dónde buscas protección cuando las comadrejas
de la tentación, la corrupción y la maldad amenazan
con vencerte?
¿A donde te vuelves cuando tu energía se agota...
cuando la debilidad te embarga y sientes que no puedes huir por
más tiempo?
¿Te vuelves a tu protector, Aquel que esta firme con los
brazos abiertos, esperando porque vuelvas y te refugies en la seguridad
de todo lo que Él es?
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