Por Sami Bullón
Una de mis mayores alegrías cuando niño, era jugar
en la lluvia. Jugar futbol en el lodo era lo máximo. Creo
que todo comenzó cuando vi en la televisión una
antigua propaganda de la Adidas. Mostraba unos hombres jugando
futbol en un campo completamente encharcado. Me gustaba imaginarme
en ese comercial, jugando futbol en aquel campo verdecito, bajo
aquella lluvia torrencial y con un lindo uniforme. Sin embargo
crecí en ciudades metropolitanas: Belo Horizonte, Niterói,
San Pablo. En aquellos lugares los patios de las casas eran de
cemento, y en los departamentos las áreas de juegos no
tenían jardín.
La primera vez que pude jugar futbol en la lluvia, en un campo
verdecito como era mi sueño, fue en Artur Nogueira, interior
de San Pablo. Allí podría correr por los verdes
campos de mis sueños bajo la lluvia. Como “quien no tiene
perro se casa con gato”, cualquier lluviecita que caía
yo salía para jugar o andar de bicicleta. Artur Nogueira
era una ciudad del interior. En aquel tiempo no era a metrópoli
que es hoy. Había mucho barro por allí.
Salir para jugar en la lluvia era destinar la ropa del juego a
la basura. El barro de aquella ciudad no salía de la ropa
ni con mil lavadas. No había alvejante, zurra o paliza
que fuese capaz de hacer que la ropa volviese a ser como antes.
Mi madre casi enloquecía, yo era solo felicidad, hoy entiendo
porque la viejita se desesperaba. Cuándo nos trasladamos
a Brasilia y teníamos un campo inmenso para jugar, ella
separo la “ropa de lluvia” para que no destruyamos toda nuestra
ropa.
Cieno, lodo, o lama es una cosa que mancha, ensucia y hace sentir
asco cuando cae en la ropa o en las cosas. Nada es peor que lavar
el carro y en seguida llover, peor todavía es llevar un
baño de lodo del camión que pasó por un charco
de agua, pero mucho más terrible es si la ventana de tu
carro está abierta, no solo el carro queda sucio por dentro,
sino también el asno que la dejo abierta.
Recuerdo la Campal de Itabuna, BA en 1986. El pueblo reclamaba
del barro que había donde ellos tenían que armar
sus carpas. ¿Imaginen? Tú ibas a bañarte
y volvías más enlamado que antes de bañarte.
¿Tú ya viste los derrumbes por causa de las lluvias?
¿Lo que impide que los cuerpos sean rescatados, identificados,
o lo que dificulta que los bomberos hagan su trabajo? El barro,
el lodo, el cieno, la lama…
Está bien Sami, ya entendí, barro, lodo, cieno es
desagradable ¿Y qué tengo que ver con eso?
Un día de estos leí sobre un cieguito. Esa persona
era ciega de nacimiento. Vivía en una época y lugar
en que las personas creían que ser deficiente era sinónimo
de ser pecador. Paralítico, ciego, sordo, mudo. Esas personas
eran así porque seguramente habían cometido un terrible
pecado y Dios los había castigado. ¿No es absurdo?
Abominable preconcepto. Es difícil imaginar por que la
gente pensaba así, mas era así.
Pero el cieguito ya había oído hablar sobre un tal
Jesús. El ya había curado otros “malditos” solo
con el poder de su palabra. “Levántate y anda le dice al
paralitico; vete en paz que tu fe te salvo mujer con hemorragia”
etc.
De repente, el ciego siente que Jesús está llegando
cerca de él, Experimenta la sensación de alguien
que va a ganar un gran premio. ¿”Será que él
va curarme”? ¿Será que existe otro ciego o un paralítico
a mí alrededor para “robarme” ese milagro?
El cieguito siente que el Maestro esta frente a él y también
puede escuchar al pueblo preguntándole a Jesús “¿De
quién es la culpa que él sea ciego, de sus padres
o de el mismo? Jesús con su infinita sabiduría dice
“la culpa no es de nadie, el nació así para que
la gloria de Dios sea manifestada en él”.
¡”Que cosa”! piensa el ciego. ¡“La gloria del Señor
se va a manifestar en mi”!!! Imagina la ansiedad, el nerviosismo,
el deseo de tener manifestada la gloria de Dios en su miserable
vida. Y en cuanto el imagina la gloria de Dios restaurándole
milagrosamente, nuestro cieguito oye el sonido de un salivazo.
Pienso que el ciego oía a los otros diciendo “¿Qué
es lo que Jesús está haciendo?, míralo, que
asco, está haciendo lodo con su saliva. ¿Qué
es eso? ¿Para qué? Ese hombre es loco…
Si yo fuese el tal cieguito comenzaría a ponerme nervioso.
“Y la tal gloria de Dios manifestada en mi” piensa él.
Y en cuanto el piensa eso, Jesús le coloca en los ojos
la saliva mesclada con la tierra, aquel lodo, aquel barro, aquella
lama, aquella cosa asquerosa.
Si yo fuese el cieguito, salía dando puntapiés a
todos. “Están burlándose de mí de nuevo.
Me están haciendo de tonto. Hasta Jesús esta burlándose
de mí. A los otros el cura por el poder de su palabra,
pero conmigo el pone ese barro asqueroso en mi rostro. Pobre de
mí, soy un miserable”.
Pero el cieguito no hizo nada de eso. El tuvo paciencia. La fe
de que a pesar que las cosas estaban yendo de mal a peor, el milagro
estaba para ser realizado. “Mejor será que esto funcione
porque si no voy a dar muchas patadas”. No sé si el llego
a pensar así. No me admiraría si lo hubiese hecho.
A pesar de no entender, el confió en que había alguna
razón para que el barro estuviese en sus ojos, y que tendría
que pasar por toda la ciudad, con el barro y el lodo en el rostro,
hasta llegar al tanque y lavarse, como Jesús le había
pedido.
El milagro se realizó. Listo, el cieguito ahora es solo
ojitos. Está viendo todo. Las personas le miran y se preguntan
que le pasó. Los vecinos que lo conocen atestiguan que
es el mismo. Algunos tienen dudas, a pesar de eso el ex cieguito
clama inflando el pecho “Soy yo, soy yo”. Y desde aquel instante
se transformo en un vivo ejemplo del poder de Dios.
Tú y yo estamos en la misma situación, todo lo que
planeamos nos sale mal, nada sale como queremos. Muchas veces
no entendemos porque la vida nos trae tantos problemas. Es aquella
madre que pierde el esposo y a la semana siguiente pierde el hijo.
El hombre que es despedido del empleo y luego después la
esposa le pide el divorcio, o aquella materia escolar que tu no
conseguiste salvar, y aquella otra que tu tenias la seguridad
que ya habías salvado.
Esta vidita siempre trae una sorpresa. Una peor que la otra. Nosotros
esperamos que las cosas mejoren, que Jesús venga para arreglar
las cosas, pero nos da la impresión que cuando El aparece
las cosas se ponen peores.
Si esta historia te hace recordar alguna fase de tu vida, o si
tú estás viviendo esa situación ahora, recuerda
al cieguito de la historia. La muerte, la separación, la
falta de trabajo, el embarazo no planeado, la enfermedad, todo
es apenas el barro en tus ojos para ayudarte a ver el camino que
es necesario seguir. Solo nos toca a ti y a mí tragar nuestro
orgullo, ignorar lo que las personas digan o piensen, e irnos
a la fuente a lavarnos. Después de eso vamos viviendo la
vida plenamente. Y si alguien te pregunta sobre eso les dirás
que todo eso pasó “para que la gloria de Dios se manifestase
en ti”.
Quizás el fango no este solamente en tus ojos. Tal vez
toda tu vida sea un cieno inmundo. No importa. Cuanto más
terrible sea la situación, mayor el milagro. Mayor la oportunidad
para que el poder de Dios sea manifestado en tu vida. Espero que
lo más vergonzoso, doloroso y difícil que hayas
pasado en la vida, sea el mayor testimonio de un Dios que cura
y que te escogió especialmente, para mostrar al mundo el
amor maravilloso del Padre.
Piensa en eso. Acepta el fango, el lodo, el cieno y vete a lavarte.
Lo peor que ser ciego es ser ciego con el fango sucio en el rostro.
Recuerda, es en el inmundo lodo que esta el secreto de la cura.