Por Alejandro Bullón
"Si, en verdad considero todo como pérdida, por causa
de la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús mi Señor;
por amor del cual, perdí todas las cosas y las considero
como basura, para ganar a Cristo". Filipenses 3:8.
Los antiguos griegos ilustraron en su mitología, tal vez
sin saberlo, la manera maravillosa como los cristianos pueden
ser victoriosos sobre el pecado. La mitología griega decía
que las sirenas atraían a los marineros con sus canciones,
y cuando estos se aproximaban de las playas para escucharlas mejor
la hechizante música, chocaban sus barcos contra las rocas
y morían. Muchos trataron de pasar por aquel lugar encantado,
apelando a incontables recursos. Unos se tapaban los oídos
con cera para no oír la música de las sirenas; otros
se amarraban al mástil para no direccionar el barco rumbo
a la playa. Pero, hubo un marinero que llevó a bordo a
Orfeo, el divino músico, que cantó y tocó
el harpa tan maravillosamente que las voces seductoras de las
sirenas fueron superadas por una canción más bella.
Existen tres maneras de resistir a la tentación. La primera
es "tapar los oídos con cera", enfrentar la tentación
contando hasta 100, o cerrando los ojos, o marcando tres minutos
en el reloj. (Dicen que la tentación llega al clímax
de su intensidad en tres minutos y después disminuye).
La otra manera es amarrarse al mástil de los principios,
con promesas y decisiones que casi nunca se cumplen. Cuando llega
el momento de la tentación, no hay nada que nos detenga
y partimos para la tierra de la soledad y del desespero.
La única salida, el único método que realmente
vale, es llevar una "canción más bella"
a bordo. Tenemos que llevar a bordo de la vida algo tan divinamente
dulce, que las notas del pecado parezcan sin armonía ni
belleza. En otras palabras, tenemos que apasionarnos por Alguien
tan hermoso, que el pecado, delante de El, no pase de basura repugnante.
En la vida de una persona que nunca fue convertida, solo existen
las voces de las sirenas, pero en la vida de alguien que conoce
a Jesús, existe la música de los ángeles.
Nosotros seguimos a Jesús, no solo porque no queremos continuar
en pecado, sino también porque El es lo único. Delante
de El, todo lo demás es nada. El pecado pierde su atractivo,
no significa nada.
"Pastor", podrá usted estar pensando, "¿usted
no está siendo un poco teórico? ¿Es posible
perder en esta vida el gusto por el pecado?". Bien, quiero
que sepa que Jesús vino justamente para eso. El no vino
solo para perdonarnos y para salvarnos de las consecuencias del
pecado, sino que para librarnos del poder que el pecado ejerce
en nosotros. Pablo dice: "Por causa de quien considero todo
como basura". Podemos aún cargar la naturaleza pecaminosa
dentro de nosotros, pero el pecado no tendrá más
dominio sobre los hijos de Dios.
Pero para que esto sea una realidad en su experiencia, usted tiene
que hacer de Jesús el centro de su vida cotidiana.
Alejandro Bullón