Por Cesar Grassiotto
“Sino vestíos del Señor Jesucristo, y no
proveáis para los deseos de la carne” Romanos 13:14
Cuando cada mañana te despiertas es un gran desafío
saber lo que vas a vestir. Esto es una realidad seas hombre o
mujer.
La ropa en nuestra cultura pasó de necesidad para vanidad.
Cada detalle, cada color, cada textura, cada marca, trae algo
diferente y de apelación. El mundo de la moda simplemente
es el mercado que más ganancia tiene, es el más
buscado y deseado por los jóvenes. A mí me gusta
siempre vestir bien, aprecio un buen terno, una linda corbata,
unos zapatos modernos. Me gusta mucho ver a mi enamorada con un
vestido nuevo, veo en su mirada un brillo diferente como si me
invitase a elogiarla. La moda es algo muy personal, no solo diferente
en cada persona sino también en cada cultura. Me viene
al recuerdo cuando tuve la oportunidad de vivir por cuatro meses
en uno de los países de África como estudiante misionero.!Me
llamo la atención que los hombres se vestían con
ropas que parecían, a mi manera de ver, vestidos femeninos!
Las mujeres usaban trapos en la cabeza, y vestidos de colores
muy llamativos. Hoy soy pastor en los Estados Unidos, en una iglesia
multirracial, donde tenemos representadas más de cuarenta
y cuatro naciones a través de nuestros miembros, y en cada
reunión en nuestra iglesia, veo y siento cuanto la moda
es algo diferente y particular.
Existe una moda que por su excelencia huye de las culturas, los
gustos, géneros o razas. Esta moda fue sugerida por Paulo
a los Romanos, y todavía se aplica a nosotros hoy en día.
Es una moda atemporal, no conoce límites, nuestros padres
y abuelos la usaron, nuestros hijos y nietos usaran. La moda es:
“Sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis
para los deseos de la carne” Romanos 13:14.
Cada mañana, antes que tu mente se preocupe con cual ropa
vas a presentarte a la sociedad, o a tus amigos, o al jefe, o
a la familia, tu y yo deberíamos preocuparnos en “vestirnos”
del amor y de la justicia de Jesús.
La ropa no tiene solamente el objetivo de “decoración”,
más especialmente el de protección. La ropa nos
protege del frio o nos mantiene ventilados en el calor. La justicia
de Jesús funciona del mismo modo. Ella nos protege, nos
ventila, o nos calienta. La ropa también esconde nuestra
vergüenza. Yo se que esa palabra parece bastante arcaica,
vieja y ultrapasada, pero entiéndelo en las entre líneas.
La ropa esconde lo que no queremos que los otros vean, sean estas
imperfecciones, cicatrices, rollitos de grasa…
Por eso, si hoy te estás sintiendo expuesto, avergonzado,
se tus amigos conocen tus defectos, tu familia conoce tus “cicatrices”,
¡la Biblia te invita a vestirte de Jesús!
Haz de Jesús tu moda. Ahí tú desfilarás
feliz y confiado por los caminos de la vida.
 |
Cesar es pastor de los jovenes
de la Iglesia Adventista de Richardson, TX. Es graduado por
la UNASP (2003) en Teologia y tiene maestria en la area de
missiones por la Andrews University. |